Biblioteca Municipal de Muskiz · Muskizko Udal Liburutegia

8M8M · Emakumeen Nazioarteko Eguna

Marzo · Martxoa 2026

San Julián de Musques · 1931

Una vecina de Muskiz
en primera plana:
La Pasionaria

Dolores Ibarruri, entrevistada en su casa
por la revista Estampa, octubre de 1931

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Estampa, 17 octubre 1931, página 1
Estampa · 1931
Estampa, 17 octubre 1931, página 2
Estampa · 1931
Ilustración de Dolores Ibarruri de pie con una hoz, inspirada en la fotografía de Estampa, 1931

Una vecina de Muskiz en primera plana: Dolores Ibarruri, 'La Pasionaria', 1931

En octubre de 1931, la revista ilustrada Estampa enviaba a uno de sus redactores a San Julián de Musques para entrevistar a una mujer que estaba dando mucho que hablar en los círculos políticos de Vizcaya. Esa mujer vivía en una casita humilde del barrio de Villanueva, era esposa de un minero, madre de dos hijos supervivientes de seis, y acababa de presentarse como candidata comunista a las elecciones legislativas por Bilbao.

Se llamaba Dolores Ibarruri. El mundo la conocería como La Pasionaria.

El reportaje de Víctor R. Añibarro, ilustrado con fotografías de Amado, es uno de los primeros retratos periodísticos extensos de Dolores en su propio entorno. Y ese entorno era Muskiz: las cuencas mineras, los montes con las entrañas rojizas escarbadas por generaciones de trabajadores, los niños descalzos del barrio a quienes ella llamaba «sus pionners».

«Sinceramente le digo que no quiero exhibiciones de ningún género. Me ha costado un verdadero esfuerzo presentarme al público. Casi se me obligó a ello.»
— Dolores Ibarruri, Estampa, octubre de 1931

Estas palabras, pronunciadas con cuarenta años y con las manos endurecidas por el trabajo doméstico, revelan a una mujer que había llegado a la política no por ambición ni vocación exhibicionista, sino por convicción profunda y por presión de sus compañeros. Una mujer que, en 1931, en plena Segunda República recién estrenada, tenía que justificar ante un periodista masculino que sus artículos los había escrito ella misma.

El documento forma parte de los fondos digitalizados de la Biblioteca Nacional de España y puede consultarse en línea. En el marco del 8M, la Biblioteca Municipal de Muskiz lo recupera como testimonio de una mujer excepcional que fue, antes que nada, vecina de este territorio.


Ficha documental

Registro · Documento de archivo
Título
«Una "terrible" bolchevique. La "leader" comunista Dolores Ibarruri, "La Pasionaria"»
Publicación
Estampa. Revista gráfica. Madrid
Fecha
17 de octubre de 1931
Autor del texto
Víctor R. Añibarro
Fotografías
Amado
Lugar
San Julián de Musques (Muskiz), Bizkaia
Fuente digital
Biblioteca Nacional de España · Hemeroteca Digital
Tipología
Reportaje periodístico / fuente primaria
Personas
Dolores Ibarruri Gómez; hijos Amaya y Rubén
Relevancia local
Sitúa a Dolores Ibarruri en la cuenca minera de Somorrostro como vecina del territorio

Nota contextual

El reportaje de Estampa constituye uno de los primeros documentos periodísticos de alcance nacional que retratan a Dolores Ibarruri en su vida cotidiana en la cuenca minera de Somorrostro. La entrevista tiene lugar pocos meses después de la proclamación de la Segunda República española (abril de 1931), cuando Dolores acaba de participar como candidata comunista en las primeras elecciones legislativas republicanas por Bilbao.

El texto refleja con claridad las tensiones de género propias del período: el tono paternalista del reportaje contrasta con la solidez intelectual y política de las respuestas de Dolores. El periodista describe con extrañeza que una mujer que «incluso practicaba la religión» haya llegado a posiciones comunistas; Dolores, por su parte, responde con precisión, cita a Marx y desmiente sistemáticamente los bulos que circulan sobre ella —recibir dinero de Rusia, no haber escrito sus propios artículos.

La mención explícita al barrio rural de Villanueva, a las vecinas que acompañan al periodista, y a la vista de las cuencas mineras desde la ventana de la casa, ancla el documento en el territorio de Somorrostro y lo convierte en fuente primaria de interés tanto para la historia local como para la historia de las mujeres en la política española del siglo XX.

«Quizá yo soy comunista un poco intuitivamente; pero no hay que olvidar la frase, tan conocida: "Es el estado social lo que crea una conciencia, y no la conciencia la que crea el estado social."»
— Dolores Ibarruri, citando a Marx en la entrevista de Estampa, 1931

La respuesta al origen de su apodo —firmó unos artículos en Semana Santa adaptándose al ambiente— es también reveladora de la práctica habitual de las escritoras y propagandistas de la época: la firma temática como estrategia de visibilidad en medios hostiles a las voces femeninas.

Mujeres lavando en la cuenca minera de Somorrostro, entre ellas Dolores Ibarruri. Imagen inspirada en fotografía de Amado para Estampa, 1931.
Imagen inspirada en Foto: Amado · Estampa, 1931 · © Biblioteca Nacional de España «Sus manos se han endurecido en el trabajo duro de todos los días.» Una de estas mujeres es Dolores Ibarruri.

«Me trajo libros y leí»:
la autodidacta de Somorrostro

Dolores Ibarruri leyendo, fotografiada por Amado para la revista Estampa, 1931
Foto: Amado · Estampa, 1931 · © Biblioteca Nacional de España «Dolores Ibarruri es muy aficionada a la lectura. Así se ha formado la cultura societaria que hoy tiene.»

Hay una frase en el reportaje de Estampa que el periodista recoge casi de pasada, como si fuera un detalle menor. Dolores explica cómo se inició en el socialismo: su marido le traía libros. Y ella leía. Sin más. Cinco palabras que resumen una forma de emancipación intelectual que no necesitó escuela, ni partido, ni mentora.

El sistema educativo la había excluido antes de que pudiera entrar. Dolores había intentado ser maestra —«pero no me fue posible cursar los estudios pertinentes», dice sin dramatismo—. Era la norma para las mujeres de su clase y su tiempo en la cuenca minera: la educación formal era un lujo que no estaba previsto para ellas.

«Cuando me casé, a los veinte años, pensé que mi marido seguiría hablándome siempre de lo mismo. Pero me encontré con que me hablaba del Socialismo y obrerismo con una insistencia que convertía nuestras conversaciones en un monólogo. No era cosa de abandonarle a este monólogo. Me trajo libros y leí.»
— Dolores Ibarruri, Estampa, octubre de 1931

Lo que el periodista —y quizás la propia Dolores— no subraya es la dimensión transformadora de ese gesto tan simple. Los libros no llegaron de una biblioteca pública: en 1931 la red de bibliotecas públicas en España era casi inexistente, y desde luego no alcanzaba a los barrios obreros de la cuenca minera vizcaína. Llegaron de mano en mano, prestados en círculos de trabajadores, en las casas del pueblo, en ese ecosistema informal de cultura obrera que suplía lo que el Estado no proveía.

Noventa años después, la biblioteca pública existe precisamente para que ese acceso no dependa del azar —de tener un marido lector, o un vecino generoso, o un círculo político que comparta sus fondos—. Para que cualquier mujer de cualquier barrio pueda leer sin pedirle permiso a nadie.

Dolores se formó a sí misma. Leyó, pensó, escribió, habló en público. Y cuando en la entrevista el periodista insinúa que sus artículos quizás no los escribió ella, responde con sequedad: «Le aseguro que no tenían nada de particular, y por eso mismo esa versión es doblemente infundada.» La ironía perfecta de una autodidacta que sabe exactamente lo que vale.

Estampa · Revista gráfica · Madrid
Una “terrible” bolchevique
La “leader” comunista Dolores Ibarruri, “La Pasionaria”
En la avanzada comunista

HACE unos años, los comunistas de Vizcaya presentaron en la avanzada de sus propagandas a una mujer, la primera propagandista femenina con que contaba el comunismo en esta provincia, y una de las contadas figuras femeninas visibles que forman en la organización en España.

La aparición de esta mujer en el comunismo; su presencia en las tribunas; su firma al pié de numerosos trabajos periodísticos en publicaciones de este matiz societario, “La Bandera Roja” entre ellas, y, finalmente, su participación en las últimas elecciones legislativas como candidato comunista por Bilbao, hicieron que la curiosidad pública convergiera en la figura de Dolores Ibarruri; “La Pasionaria”.

Nada mejor que una visita en su casa para sorprenderla en su personalidad auténtica.

Vive en la cuenca minera vizcaína, en San Julián de Musques. Su vivienda, situada en un barrio rural que se alza en una de las estribaciones de estos montes agudos y bravos, se encara con la cordillera hendida que muestra sus entrañas rojizas, escarbadas por varias generaciones de mineros.

Desde esta casa, Dolores Ibarruri ha contemplado, a lo largo de muchos años, la lucha de los mineros, encorvados en el tajo bajo el sol y bajo la lluvia. Conoce bien, sin duda, las vicisitudes de estos trabajadores.

Varias vecinas del barrio rural de Villanueva nos conducen hasta el portal de una casita pobre y un poco destartalada. Las mujeres se adelantan a llamarla desde la calle, y un grupo de niños semidescalzos, con las ropitas deterioradas, hacen acto de presencia, curiosos, ante la vivienda de Dolores, que les llama “sus pionners”.

Dolores Ibarruri se nos muestra en su vida íntima de mujer de un humilde minero.

Unos ojos dulces resaltan en su semblante, surcado ya por las arrugas. De la belleza que un día campeó, sin duda, en él queda esa otra belleza, un poco difusa, de las expresiones muy acusadas. Apenas tiene más de cuarenta años, y numerosos hilos de plata cabrillean en el negro de su cabellera. La vida de esta mujer no ha debido ser fácil ni blanda.

Intento de interviú

En la salita, reducida y pobre, que justamente nos cobija, exornada por una mesita somera, varias sillas viejas, un diploma escolar y un costurero, Dolores nos refiere su vida de mujer pobre. Protesta de nuestro propósito de someterla a una interviú.

Nos enseña, sonriendo, las palmas de las manos, endurecidas por el trabajo.

Casi una interviú

Insensiblemente para Dolores, la conversación ha ido tomando la forma de interrogatorio.

Sonríe en una pausa, y, a manera de disculpa, añade:

La cita ha imprimido a su voz un pequeño tono declamatorio, ese tonillo tan frecuente en los que han adquirido el hábito de dirigirse al público. Estamos en plena interviú con la comunista.

(Fotos Amado.)     VÍCTOR R. AÑIBARRO
Fuente: Estampa. Revista gráfica. Madrid, 17 de octubre de 1931. © Biblioteca Nacional de España · Hemeroteca Digital.

Muskizko bizilagun bat lehen orrian: Dolores Ibarruri, 'La Pasionaria', 1931

1931ko urrian, Estampa aldizkari ilustratuak bere erredaktore bat bidali zuen San Julián de Musquesera, Bizkaiko zirkulu politikoetan asko hitz eginarazten ari zen emakume bat elkarrizketatzeko. Emakume hura Villanuevako auzoko etxetxo xume batean bizi zen: meatzari baten emazte, bizirik iraun zuten bi seme-alaben ama, eta Bilboko hauteskunde legegileetako hautagai komunista berria.

Dolores Ibarruri zuen izena. Munduak La Pasionaria ezagutuko zuen.

Víctor R. Añibarroren erreportajea, Amadoren argazkiekin ilustratua, Doloresen inguruko lehen erreportaje periodistiko luzeetako bat da bere ingurunean bertan egina. Eta ingurune hori Muskiz zen: meategiko arroilak, langile belaunaldiek zulaturiko mendi gorriak, auzoko haurrak —oinutsik, arropa txikiekin—, berak «bere pioneroak» (pionners) deitzen zituenak.

«Zintzoki esaten dizut ez dudala inongo erakustaldi-nahirik. Jendaurrean agertzea benetako esfortzu bat kostatu zait. Ia behartu egin naute.»
— Dolores Ibarruri, Estampa, 1931ko urria

Hitz hauek, 40 urte zituela eta etxeko lanarekin gogortutako eskuekin esanak, emakume bat agerian uzten dute: politikara iritsi zen ez anbizioagatik, baizik eta sinesmengatik eta kideen presioagatik. Emakume bat, 1931n, Bigarren Errepublika berri-berrian, kazetari gizonezko bati bere artikuluak berak idatzi zituela justifikatu behar zuena.

Dokumentua Espainiako Liburutegi Nazionaleko funtsen parte da eta sarean kontsultatu daiteke. 8Maren testuinguruan, Muskizko Udal Liburutegiak lurralde honetako auzokide ezohiko baten testigantza gisa berreskuratzen du.


Fitxa dokumentala

Erregistroa · Artxibo-dokumentua
Izenburua
«Una "terrible" bolchevique. La "leader" comunista Dolores Ibarruri, "La Pasionaria"»
Argitalpena
Estampa. Aldizkari grafikoa. Madril
Data
1931ko urriaren 17a
Testuaren egilea
Víctor R. Añibarro
Argazkiak
Amado
Lekua
San Julián de Musques (Muskiz), Bizkaia
Iturri digitala
Espainiako Liburutegi Nazionala · Hemeroteka Digitala
Tipologia
Kazetaritza-erreportajea / lehen mailako iturria
Pertsonak
Dolores Ibarruri Gómez; Amaya eta Rubén seme-alabak
Tokiko garrantzia
Dolores Ibarruri Somorrostro meatzaritza-arroan kokatzen du lurraldeko auzokide gisa

Ohar testuingurukoa

Estamparen erreportajea Dolores Ibarruri Somorrostro meatzaritza-arroan egunero-egunerokoan erakusten duen lehen dokumentu kazetaritza nazionaletako bat da. Elkarrizketa Bigarren Errepublika Espainiarraren aldarrikapenetik (1931ko apirila) hilabete gutxira egiten da, Doloresek Bilbaoko lehen hauteskunde legegile errepublikanoetan parte hartu berri duen unean.

Testuak garaiko genero-tentsioak argi islatzen ditu: erreportajearen tonu paternalistak kontraste nabarmena egiten du Doloresen erantzunen indar intelektual eta politikoarekin. Kazetariak harriduraz deskribatzen du «erlijioa ere praktikatu» zuen emakume bat nola iritsi den posizio komunistetera; Doloresek, berriz, zehaztasunez erantzuten du, Marx aipatzen du eta bere inguruan zabaltzen diren iruzurrak gezurtatzen ditu.

Villanueva baserriko auzoaren aipamen esplizitua, kazetariari lagundu dioten auzokideen erreferentzia, eta etxeko leihotik meatzaritza-arroetara begiratzeko deskribapena, dokumentua Somorrostro lurraldeari lotzen diote eta XX. mendeko emakumeen politikaren historiarako lehen mailako iturri bihurtzen dute.

«Agian komunista naiz intuizioz pixka bat; baina ez ahaztu esaera ezaguna: "Egoera sozialak sortzen du kontzientzia, eta ez kontzientziak egoera soziala."»
— Dolores Ibarruri, Marx aipatuz Estampa elkarrizketan, 1931

Bere ezizenaren jatorria azaltzen dion erantzuna —Aste Santuan, inguruabarretara egokituz, artikulu batzuk sinatu zituen— garaiko idazle eta propagandisten ohiko praktika erakusten du: izen tematikoa ikusgarritasun-estrategia gisa emakumeen ahotsekiko etsai agertzen ziren komunikabideetan.

Somorrostroko meatzaritza-arroko emakumeak garbitzen, horien artean Dolores Ibarruri. Amadoren argazkian oinarritutako irudia, Estampa 1931.
Amado · Estampa, 1931 · © Biblioteca Nacional de España argazkian oinarritutako irudia «Eskuak gogortuta ditu eguneroko lan gogorrean.» Emakume hauen artean Dolores Ibarruri dago.

«Liburuak ekarri zizkidan eta irakurri nuen»:
Somorrostroko autodidakta

Dolores Ibarruri irakurtzen, Amadok argazkia Estampa aldizkarian, 1931
Argazkia: Amado · Estampa, 1931 · © Biblioteca Nacional de España «Dolores Ibarruri irakurtzeko oso zalea da. Horrela osatu du gaur duen kultura sozietarioa.»

Estamparen erreportajean kazetariak ia alboan pasatzen uzten dion esaldi bat dago. Doloresek azaltzen du nola hasi zen sozialismoan: senarrak liburuak ekarri zizkion. Eta berak irakurri zuen. Hori besterik ez. Bost hitzek emantzipatze intelektual baten era laburbiltzen dute: ez eskolak, ez alderdiak, ez tutorerik behar.

Hezkuntza-sistemak baztertu egin zuen sartu baino lehen. Dolores irakasle izaten saiatu zen —«baina ez zitzaidan posible izan ikasketak egitea», dio dramatismorik gabe—. Hori zen araua meatzaritza-arroko emakumeentzat: hezkuntza formala ez zegoen haientzat pentsatua.

«Ezkondu nintzenean, hogei urte nituela, pentsatu nuen senarrak beti gauza berberaz hitz egingo zidala. Baina aurkitu nuen sozialismo eta langileriaz hitz egiten zidala, gure elkarrizketak monologoetan bihurtzen zituen insistentzia batekin. Ez zen egokia monologa bakarrik uztea. Liburuak ekarri zizkidan eta irakurri nuen.»
— Dolores Ibarruri, Estampa, 1931ko urria

Kazetariak —eta agian Doloresek berak ere— ez du azpimarratzen keinu hain sinple horren dimentsio eraldatzailea. Liburuak ez ziren liburutegi publiko batetik iritsi: 1931n Espainian liburutegi publikoen sarea ia ez zen existitzen, eta ez zuen inola ere Bizkaiko meatzaritza-arroko langile-auzoetara iristen. Eskuz esku iritsi ziren, langile-zirkuluetan maileguan, herriko etxeetan, Estatuak ematen ez zuena ordezkatzen zuen kultura obreroaren ekosistema informal hartan.

Laurogeita hamar urte geroago, liburutegi publikoa hain zuzen ere dago horretarako: sarbide hori kasualitatearen menpe ez egon dadin —senar irakurle bat izatearen, bizilagunen eskuzabaltasunaren, edo liburutegia partekatzen duen talde politiko baten menpe—. Edozein auzoko edozein emakumek inori baimenik eskatu gabe irakur dezan.

Doloresek bere burua eratu zuen. Irakurri, pentsatu, idatzi, jendaurrean hitz egin zuen. Eta elkarrizketan kazetariak bere artikuluak agian berak idatzi ez zituela iradokitzen duenean, lehortasunez erantzuten du: «Ziurtatzen dizut ez zutela ezer berezirik, eta horregatik bertsio hori are oinarririk gabeagoa da.» Bere balioa ongi dakien autodidakta baten ironia ezin hobea.